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Ruta Cisterciense en Cataluña

La Orden del Cister vuelve a los orígenes benedictinos del “ora el labora” y así da réplica a la Orden Cluniacense, ya que fracasa en su intento de dar mayor importancia a la liturgia y abandonar el equilibrio que las reglas benedictinas establecían, es decir la distribución equitativa de la vida del monje entre trabajo, oración y lectura de textos sagrados. Los trabajos cotidianos se encargan a trabajadores externos y así llegaban las corrupciones. Además la multiplicidad de donaciones hizo que los monasterios se enriqueciesen tanto, que llegaban a ser ostentosos y aunque los monjes no poseían nada, dicha ostentación conllevaba a que el voto de pobreza se abandonara y las costumbres se relajaran progresivamente.

Aunque la aparición del Cister fue un proceso que se desarrolló poco a poco a través de muchos años, es el 21 de marzo de 1098 cuando la abadía de Citeaux recibió la aprobación del papa.

Las ideas de la reforma cisterciense fraguaron, y pronto aparecieron numerosas fundaciones hermanas de Citeaux, como las cuaro abadías que dependían de ésta:  La Ferté, Pontigny, Claraval y Morimond, consideradas como las “casas madre” de la orden.

Estas cuatro a su vez fundaron otras tantas y así hasta expandirse por Europa a gran velocidad, llegando a crearse diez fundaciones al año. Citeaux se centraba fundamentalmente en las tareas administrativas y las otras cuatro en tareas de política expansiva.

A finales del siglo XIII el Císter llega a tener más de 700 casas diseminadas por toda Europa, siendo la orden más importante de la época.

 

En 1119 se celebraba la reunión de abades y la aprobación de la Carta de Caridad, ampliación de la regla de San Benito.

No se admitían limosnas y los excedentes obtenidos del trabajo, se vendían en los mercados y los beneficios se invertían en las propias dependencias o la caridad. Así fue como con la producción de vino, cereales, fabricación de tejas, baldosas, etc,.. con lo que se enriquecieron considerablemente y decidieron construir grandes edificios. Edificios ubicados en sitios inhóspitos, separados de las poblaciones y del trajín urbano para seguir con su aislamiento elegido y con su autosuficiencia.

 

Todo este éxito monacal conllevó a la difícil tarea del control generalizado de la Orden, lo que supuso la fragmentación de la misma, la pérdida de uniformidad y por tanto la disgregación y abandono del modelo original.

Poco a poco las guerras acaecidas, con los saqueos a abadías, las epidemias y las malas cosechas contribuyen al decaimiento de la orden cisterciense, que tanto esplendor tuvo en tiempos pasados. A esto hay que sumarle que la función de los abades recaería en reyes y señores locales, con lo que la esencia de la orden se pierde definitivamente.H