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Romanización de la Península Ibérica

DATOS DE INTERÉS

TEMAS RELACIONADOS

-Octavio Augusto,emperador romano

-Virgilio, filósofo romano

-Diana, diosa de la Naturaleza

-Marte, dios de la Guerra

-Mercurio del Comercio y la Elocuencia

-Céres de la Tierra y los Cereales

-Esculapio, Medicina

-Júpiter señor del Universo

-Juno, reina del Cielo

-Minerva diosa de la Inteligencia y la Sabiduría

-Vespesiano, emperador romano

-Trajano

-Adriano

 

 

 

PARA SABER MÁS

Un poco de historia

El proceso de Romanización de la Península Ibérica se dio de manera continuada a lo largo de los siglos de dominio romano sobre la provincia de Hispania. Las costumbres, la religión, las leyes y de un modo general, la vida romana, se asentaron sólidamente entre la población indígena, esto sumado a una gran cantidad de emigrantes de todo el Imperio, dieron forma a la cultura hispano-romana.

Se adoptará como lengua el latín romano, con ello se unificará a todos los hispanos. El nuevo orden romano hace que los indígenas vivan en grandes concentraciones de poblaciones, grandes urbes (Segóbriga, Cuenca, etc.), lo que supone una pérdida de libertad. Dichas ciudades son vitales para el control de la población y poder cobrar los tributos.

Octavio Augusto funda 20 ciudades con estatuto jurídico de colonias: Mérida, Burgos, Lugo, Astorga, etc. son los vértices desde donde se irradia la romanización de toda la Península. Mientras en algunas zonas de la Península se llegaba a acuerdos por la cesión de tierras por parte de los nativos a soldados romanos con la promesa de, algún día, conseguir la ciudadanía romana, en otras partes de la Península los veteranos de la legión se adueñaban de las tierras de los campesinos, lo que nos explica Virgilio en sus “Bucólicas”: “a lícidas, haber vivido para que un extranjero, cosa que nunca había tenido, adueñado de mi campillo diga, esto es mío, emigrad los viejos colonos, ahora vencidos, amargados, pues la fortuna lo cambia todo, le enviamos estos cabritos, que mal le aprovechen”.
 
Augusta Emérita (Mérida), fundada en el año 25 a. C por Octavio Augusto, acoge a los legionarios que habían luchado en las tierras cántabras y reciben como recompensa tierras situadas en una zona de riqueza, lo que propicia el desarrollo del comercio y hace que Mérida sea uno de los puntos más importantes de Occidente.
Puentes, acueductos, arcos, alcantarillas, obras públicas que dan fe de la importancia que adquirió esta ciudad.
Incluso un anfiteatro, dónde homenajean a la muerte. Circos, dónde los esclavos y prisioneros por delitos son devorados por animales, todo ello hace que los ciudadanos se vean comandados por unos jefes poderosos, y que la ciudad está bien dirigida. En época de nominaciones, los candidatos Magistrados costean y prometen pan y circo para todos, para asegurar su elección.

En el año 27 a.C., Augusto divide Hispania en tres grandes zonas, dos de ellas, Lusitania y Tarraconense, que contaban con abundantes minas de oro, estaño y plata, estarán bajo su control y una tercera, la Bética, será controlada por el Senado y tendrá una economía basada fundamentalmente en la agricultura.

La Paz Romana se impone en la Península y se propicia el culto al emperador que la ha hecho posible: Octavio Augusto. Con su muerte, sus seguidores le divinizaran e impondrán el culto imperial. Será Tarragona donde el culto a Augusto se hará más patente.
Este culto a los emperadores se integrará a la religión romana politeísta. En ella, cada  dios tiene sus atributos y poderes medicinales. Así:

Diana es la diosa de la Naturaleza;

Marte el dios de la Guerra;

Mercurio el del Comercio y la Elocuencia;

Ceres la de la Tierra y los Cereales;

Esculapio, Medicina.

Júpiter, señor del Universo,

Juno, su esposa, reina del Cielo y

Minerva diosa de la Inteligencia y la Sabiduría. Estos tres forman una triada de dioses que culminan la Pirámide Religiosa.

El dominio romano permite también el culto a las divinidades locales. Diosas indígenas unidas al culto de las fuentes y las aguas. En el valle del Guadalquivir, se siguen dando los cultos a los antiguos dioses fenicios o cartagineses, como el culto a la diosa latina homónima de la diosa tutelar de Cartago, Tanit, o el culto al dios fenicio Melkart, que será el Hércules de Cádiz.
Mediante un proceso de orientalización se producirá la entrada otras religiones venidas desde Persia, Egipto o Anatolia. Pero se producirá la entrada de una religión desde Judea, una religión monoteísta que también proclamará el sacrificio para alcanzar la salvación eterna, aunque el sacrificado sería el propio hijo del dios de esta religión. El misterio de Cristo, la proclamarían, y alcanzaría una gran importancia en el mundo romano.   

Itálica, Sevilla. Hacia el año 74 a.C., el emperador Vespasiano, concede el derecho latino a gran cantidad de ciudades hispanas, declarándoles municipios romanos. 25 años después, Trajano, miembro de la aristocracia hispano-romana en Itálica, es nombrado emperador de Roma y durante su gobierno y el de su sucesor, Adriano, también originario de Itálica, el Imperio Romano alcanza su máxima extensión.

 

El verdadero objetivo de los romanos en Hispania, en un principio, no es romanizarla, sino extraer todos los materiales que proporciona la tierra. En base a esto planifican su dominio.
Utilizan las vías romanas para sus movimientos, por ello los pueblos Vascones no están dentro de sus intereses.
De Galicia y Asturias les interesa el oro y la plata, muy codiciado por los romanos.
Se crean villas, donde viven los jefes y desde donde controlan la producción de trigo, cereales, etc.
El vino de Cádiz es el único que se comercializa fuera de Hispania, el resto es para uso interno.
El aceite, de gran calidad es muy solicitado por los mercados de Roma y por eso se confiscan los campos olivareros a los nativos, y por tanto su producción.
En Extremadura, son notorias las piaras de cerdos y en el norte los caballos astures y galaicos.
En la meseta los ganados lanares. La pesca es una gran fuente de subsistencia y pueblan todos los mares que rodean la Península. La industria del salazón y conservera impulsan el comercio y el desarrollo de la fabricación de nuevos envases para su comercialización. Los artesanos del Guadalquivir son reconocidos por su calidad.
La industria tintorera levantina y turdetana, adquiere gran importancia por la demanda de ellas en todo el Imperio.

Con todo ello se impulsan las carreteras, para poder llegar a todos los lugares de forma fácil: Vía Augusta-Hercúlea, que pasa por los Pirineos y atraviesa la península, bordeando el Mediterráneo y metiéndose hacia el interior, hasta la Bética. Vía Tarragona-Zaragoza-La Coruña. Vía Meseteña. Vía de la plata, que une Mérida con Astorga, etc.
Las vías fluviales también adquieren importancia, de ahí la construcción de puentes, acueductos, etc.

Todo este entramado de construcciones y comunicaciones lleva consigo todo un sistema burocrático a través de aduanas, pagos de peaje, etc. y un riguroso control administrativo del censo y de los impuestos, que hacen que los beneficios que proporciona Hispania al Imperio Romano sean incomparables.

La sociedad Hispánica se ha imbuido tanto en las costumbres e ideologías romanas que su herencia será perdurable por mucho tiempo. La Romanización se está llevando a cabo por sí sola. El latín raíz de lenguas hispánicas, como el castellano, catalán, galaico, etc. los monumentos, la Cultura, el Arte, el Derecho, una gran parte de la España que vivimos hoy en día se construye a partir del legado romano.

Historialia.