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Pueblos Antiguos de la Península Ibérica. Fenicios. Griegos.

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Un poco de historia

 

Fenicios.

 

Los fenicios provienen de Fenicia, estado compuesto por varios pueblos de Oriente Medio (Tiro, Arados, Biblos, Berytos, Sidón), lo que hoy es el Líbano. 

Los fenicios inventan el alfabeto con 30 caracteres con los cuales pueden representar todas sus palabras. Lo utilizan de forma habitual entre los núcleos urbanos. Dicha escritura la incorporan en la península. Más adelante lo adoptarán los griegos y de este alfabeto derivarán el latín, el hebreo y el árabe.

Inventan dioses, con los que dan respuesta a muchos fenómenos naturales que sobrepasan a la mente humana.

Están obligados a desarrollarse de forma natural a través del mar, pues por tierra están rodeados de imperios poderosos, como el asirio, el hitita, el egipcio, etc. Este echo les obliga a construir naves para poder desarrollarse, haciéndose grandes expertos y capacitados para la navegación de grandes distancias. Inventan los remos, con lo que construyen las naves más rápidas, impermeabilizan el casco de los barcos con betún, etc... Sus conocimientos los expanden por todo el Mediterráneo, llegando a Galicia e incluso a las Islas Británicas.

Son grandes artesanos y comerciantes. Venden los productos de lujo fabricados por sus artesanos a cambio de materias primas. De España obtenían la plata, el plomo y el estaño, de Egipto el trigo y el lino, de Israel los bálamos, de Anatolia los caballos, de Grecia el aceite, de África los esclavos y el marfíl, etc... Sirven, incluso, de intermediarios para comprar y vender productos de otras culturas. Esto sumado a su afán de aventura les permitirá expandirse a lo largo y ancho del Mediterráneo. Cada vez que los marinos conquistan nuevas tierras, las colonizan y las absorben culturalmente pero su fragmentación política (a menudo las urbes fenicias están enfrentadas por rivalidades comerciales) y su falta de interés por la conquista de territorios les pone en serios aprietos cuando los grandes imperios vecinos óptan por crecer a su costa.

 

Se dieron cuenta de que al viajar a grandes distancias, sería conveniente establecer una serie de factorías repartidas por las costas de todo el Mediterráneo. Las riberas mediterráneas se afilian a los constantes comercios de estos pueblos, con la adquisición de metales a cambio de productos elaborados que eran adquiridos por la elite tartéssica.

 

En la península Ibérica hay indicios fenicios de incluso hace 1.000 años a.C. Fundan la ciudad de Gádir (Cádiz) y la convierten en el centro neurálgico de la zona, además fundan Malaka (Málaga), Sexi (Almuñecar), y Abdera (Adra).

La isla de Ibiza es otro gran enclave de los fenicios, como lo demuestran las figurillas encontradas de diosas realizadas en terracota, aunque Cartago es el eje de navegación por excelencia hacia el siglo IX a.C.

En la península Ibérica aportan aparte de las técnicas de explotación agraria la explotación minera.

 

El río Segura, hace 2.500 años es una zona donde fondean habitualmente las embarcaciones, y en esa zona los pueblos se especializan en la reparación de los mismos.

 

 

Los jerarcas reciben de los fenicios ayudas, pues a estos les interesa que en Tartessia exista una organización bien establecida para mantener sus comercios.

 

 

Grecia

 

Por su parte, antes del siglo VIII a.C. es una gran civilización, que compite en la comercialización con Europa, con los fenicios.

Estos griegos se establecen en la Península Ibérica fundamentalmente por las Ampurias (Cataluña), hacia el 575 a.C., para comerciar con los pueblos de la península. Es posible que reemplazasen a los fenicios en esa tarea, aprovechándose de su creciente decadencia.

La presencia duradera de los griegos en la península y su vocación claramente comercial tuvieron gran influencia sobre el Mundo Ibérico. Así podemos ver una clara relación entre la construcción de las murallas de algunos centros ibéricos y las fortificaciones griegas, o las huellas que dejaron en uno de los sistemas de escritura utilizados por los íberos, o una influencia clara en buena parte de la escultura ibérica y cerámica.H