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Pueblos Antiguos de la Península Ibérica. Tartessos.

Un poco de historia

En el sudeste de la Península hay importantes yacimientos de cobre y plata (Lorca, Galera y Granada), es la Cultura de El Argar, hacia 1.800 a.C - 1.000 a.C. Sus poblaciones se amurallan y son los primeros en mezclar el cobre y el estaño, dando el bronce. Comienza una época donde la riqueza de poder es el objetivo. Se jerarquiza la sociedad y los aristócratas acumulan riqueza.

 

Otras culturas contemporáneas de El Argar aparecen en el levante peninsular, así como en el sur de Portugal, la meseta y el Atlántico.

 

A partir del siglo VIII a.C. el suroeste de la Península Ibérica reduce sus contactos con el Atlántico para volcarse en el Mediterráneo, con el comercio fenicio primero y el griego poco después, iniciándose el llamado "periodo orientalizante".

Los indígenas de la península Ibérica pusieron en práctica esos conocimientos tecnológicos que les transmitieron los fenicios, asimilando la religión, los ritos funerarios, reordenación del territorio y estableciendo nuevos mecanismos de poder. Con ello da comienzo el fenómeno urbano en la península, y con él el Estado: Abstracción que representa la más compleja forma de organización social. Garantía institucional para consolidar las desigualdades. Han aparecido los Tartessos.

 

La Cultura Tartessia es una de las más valiosas y poderosas de esta época gracias al dominio de la extracción de los metales (cobre, oro y plata) y su utilización.

Obtienen el cobre y lo mezclan con el estaño (al cobre le añaden el 10% de estaño), obteniendo bronce tartesso, muy codiciado por otros pueblos. La evolución natural en busca de un metal más duro y resistente fue lo que llevó a estos hombres a mezclar esos metales. 

Metales como plata, cobre, mercurio, plomo y hierro, en la época tartéssica, salen de los más importantes y ricos yacimientos mineros de la Antigüedad en el Mediterráneo en el suroeste de la península Ibérica.

 

En un  principio la obtención de estos metales les sirvió para hacer mejores y más duras herramientas, utensilios y adornos, pero posteriormente la relación con los pueblos comerciantes del Mediterráneo y la ambición de poder de los aristócratas, les transformó su economía y por ello su forma de vida. Los mercaderes fenicios y griegos propagan por el mundo la calidad del bronce tartesso, así como la valía de la plata y el brillo del oro. Lo que provoca la atracción de los poblados del Mediterráneo Oriental.

 

El propio mercadeo entre los distintos poblados, hace que se extiendan ésta y otras manifestaciones culturales. El interés de los fenicios, grandes navegantes, por el extremo occidental del Mediterráneo se debió a la riqueza de metales, como la plata y el estaño, así como los salazones, pero se amplió a muchos otros campos de la economía indígena, como los productos agropecuarios, que los fenicios también exportaban.

 

Posiblemente el pueblo tartésico desciende de los grupos que habitaban el sur peninsular desde tiempos neolíticos y la Edad de Bronce. Entre el 900 y el 700 a.C., hay una intensificación en la actividad minera en las regiones occidentales de Andalucía, coincidiendo prácticamente con la fecha arqueológica para la fundación fenicia de Gadir.

 

La vida de Tartesso se convulsiona cuando llegan a sus costas los fenicios. Establecen intercambios comerciales con éstos. A partir del 700 a.C. se introducen técnicas fenicias en la cerámica e incorporan una nueva tecnología y por tanto un mejor acabado, así como los primeros útiles de hierro, telas, alabastro, marfil, objetos de vidrio, candelabros, adornos de muchas grandes ciudades de Oriente, la vid, perfumes, ungüentos, especias, la orfebrería y los ritos funerarios, etc, a cambio del preciado metal y desde el 600 los numerosos hallazgos de cerámicas y objetos griegos en esta región nos informan de la apertura comercial al mundo griego de Tartessos. Al ser grandes mercaderes introducen los primeros tornos de alfarería  Pretenden conseguirlo al menor precio posible pues son muy buenos negociantes.

 

Para los tartessos, tantos nuevos productos para intercambiar lo ven como una nueva forma y más rápida de riqueza. Una vez establecidos allí los fenicios, en la ciudad aparecen nuevos oficios, como tintoreros textiles, el salazón, repujados, orfebrería, etc... Es el puerto por excelencia para abastecer el mercado tartesso.

 

Con el asentamiento de las colonias fenicias en las costas andaluzas, esta Cultura recibe un nuevo aporte, fenicio en un primer momento y griego después, según fuentes literarias y hallazgos en Huelva de cerámica griega, etc. Este periodo “orientalizante” llega hasta el siglo VI. Es muy difícil distinguir las producciones que aparecen en la Península y las que son fruto de las importaciones fenicias. En el castillo de doña Blanca se encuentra un importante yacimiento fenicio.

 

Con la aparición de la escritura se establece que se da por finalizada la Prehistoria, donde son los datos arqueológicos los que dan luz para el conocimiento de estas épocas y aparece la Historia, que serán además los escritos, los que desvelen los de éstas.

 

Tartesso es una Cultura que existe entre los siglos VIII al VI a.C., no se sabe con exactitud donde se desarrolla, quizá en el Suroeste de la península, entre lo que hoy es Andalucía y Extremadura. Ya Herodoto comenta en sus escritos la existencia de Tartesso, aunque no se sabe con exactitud su ubicación.

 

Al final del siglo VII a.C. surgirán aglomeración de pequeñas cabañas, construcciones muy sencillas, circulares, sin compartimentación. Son los inicios de la civilización tartéssica, como se puede ver en el yacimiento de Ocinipo, en la Serranía de Ronda. La mayor parte del tiempo la pasaban fuera de sus casas, pero al trabajar los metales, les transformó su vida cotidiana, poco a poco empezaron a diferenciarse y por tanto especializarse cambiando totalmente sus vidas.

La economía gira hacia la explotación minero-metalúrgica, que supone una organización compleja y hacia la economía de tipo agropecuario con una distribución del poblado y del territorio. 

Los herreros hacían armas para la guerra y vasijas de metal con figuras de animales muy detallados, con clara influencia de los pueblos mediterráneos. El bronce hace su entrada en la elaboración de jarrones y bandejas con representaciones de animales con carácter simbólico, serpientes y leones, todo mostrando un lujo, que servirá para representar el poder de los muertos, en los ajuares funerarios. Se evidencia la influencia oriental con arraigo nativo.

Otros se dedicarán a la alimentación, especializándose en plantas, hortalizas y cereales, con los que se fabrican sopas. La ganadería también era un recurso de alimentación, aunque en contadas ocasiones. Todo ello les llevó a transformarse y tener unas relaciones más complejas, incluso sus viviendas con el tiempo se hacen cuadrangulares, que les permitiría una articulación de los espacios domésticos. Se hace una sociedad más heterogénea.

Se comienzan a hacer en las ciudades casas más lujosas y se empiezan a levantar murallas como elementos defensivos, delimitando los pueblos, cosa que hasta ahora no se había visto. Es el caso de la muralla de Carmona y Escacena.

 

En los yacimientos arqueológicos de Tejada la Vieja en la provincia de Huelva se puede observar el urbanismo de los principales núcleos de tartessos. Los hábitat se construían cerca de las rutas de la trashumancia los cuales aprovechaban para ir hacia las minas, lo que hacía que esos pueblos se enriquecieran. Los poderosos tienen la prioridad de los medios de producción, y organizan los beneficios de los yacimientos metalúrgicos.

La sociedad está claramente jerarquizada, con una clase social acomodada. Los aristócratas implantan un orden del que obtienen beneficio. Aparece el poder político superior a los clanes y familias, y cambia de manera brusca la organización social. Aristócratas y reyes son sostenidos por la colectividad.

Herodoto habla del rey tartesso Argantonio, que reinó durante 80 años, aunque vivió hasta los 120. Para mucho estos textos hablan de una dinastía más que de un rey.

 

Según los yacimientos encontrados hasta la fecha, podemos hablar de una época del Bronce Medio en Andalucía, zona con pocos restos encontrados y una zona oriental y Sudeste con muchos más restos y por tanto mejor estudiada (Argar, Millares). Además una época del Bronce Final, hacia 1.200 al 750 a.C. y otra orientalizante (influencias de los de Oriente, fundamentalmente de los fenicios), que abarca desde el año 750-550 a.C. y coincide con la Edad del Hierro.

 

Datados al final de la época tartessa, hacia el año 1.000 - 700 a.C., se han encontrado restos de enterramientos de tipo principesco, con lápidas funerarias llamadas, estelas, pudiendo ser de varios tipos. La estelas tienen grabados el personaje al que representan, que muestran signos de su poder y estatus, con cascos, espadas y carros a vista de pájaro, los cuales muestran el lujo y el poder, que le diferencian del resto de los mortales.

 

Hasta la fecha la mayoría de los yacimientos de tartessos, se extienden por todo el Sudoeste de la península Ibérica hasta la cuenca media del Duero por el Norte. Se discute en la actualidad que pueblos han influenciado más a los tartessos para la elaboración de estos elementos representados en las estelas.

Progresivamente desaparecen estas figuraciones, y dan paso a otras con rasgos de escritura, los cuales hasta la fecha están sin descifrar. Quizá representan el nombre del difunto.

 

Los modos funerarios se transforman y se abandonan las estelas para hacer enterramientos en las necrópolis, como las de Setecilla (siglo IX a.C.), la Joya (siglo VIII a.C.) y Medellín (siglo VII a.C.).

 

A los aristócratas se les entierra con los objetos suntuosos para conservar su poder y riqueza en el viaje eterno.

Las primeras necrópolis se fechan en el siglo VII a.C. Se caracterizan por un tipo de enterramiento sencillo: fosa excavada en la tierra, en cuyo interior se deposita una urna funeraria que recoge parte del ajuar funerario y las cenizas del individuo. Todo ello se cubre mediante un túmulo.

Este tipo de enterramientos lo tenemos constatados en dos necrópolis de Cruz del Negro (Carmona) y Alcantarilla. Otro tipo de necrópolis, el de Setecilla, tiene una cámara funeraria de planta rectangular o cuadrangular, en vez de un foso, como la anterior.

Se empieza a ver una diferenciación en los ajuares que acompañan al difunto, aunque la ostentación sigue existiendo, con armas unos y con cerámicas y objetos sofisticados otros.

Las tumbas de cámara son muy normales en los enterramientos fenicios y serán precedentes de los  enterramientos del mundo ibérico.

 

El yacimiento de Badajoz es de gran importancia. Se encuentran tesoros de gran variedad y muy valiosos, tuvo que ser una zona importante para estos tartessos.

En el siglo V a.C., todo este esplendor que atesora esta gran civilización, empieza a decaer no se sabe muy bien porqué. Coincidiendo con la muerte de Argantonio, poco a poco las vías comerciales se van estableciendo por otras nuevas y Tartessia se va diluyendo. Parece ser que los púnicos o cartagineses, descendientes de los fenicios, son los causantes de esta desaparición o quizá el agotamiento de las vetas de mineral aprovechables, que habría acabado con el comercio colonial fenicio. No se sabe con certeza, pero el deterioro económico y un cambio mundial hacen que Tartesia desaparezca, siendo Cartago el nuevo centro de poder.


 

 

 

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