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Evolución política de Al-Ándalus (714-1031)

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Un poco de historia

La presencia musulmana en la Península Ibérica pasó por varias etapas desde su establecimiento en el año 711 hasta la Conquista del Reino Nazarí de Granada, en el año 1492:
El omeya (siglos VIII a X), subdividido en los períodos emiral -antes de la llegada del emir Abd al-Rahman, no hubo arte islámico en España- y califal, centrado en el siglo del califato de Occidente; el taifal (siglo XI), correspondiente a los reinos de taifas surgidos tras la descomposición del califato; el almorávide y almohade (siglo XII y primera mitad del XIII), usado por quienes llegaron de África para sostener en entonces menguante territorio andalusí, y, por último, el nazarí (segunda mitad del XIII y siglos XIV y XV), que distingue a las artes creadas en el reino de Granada.

 

  La primera de ellas, y la de mayor esplendor, fue la conformación de la provincia de Al-Ándalus a partir del año 714. Estuvo gobernada de 3 formas diferentes, la primera de ellas, fue la el Waliato, donde su gobernador o Walí, dependía completamente del Califato de Bagdad. La segunda fue el Emirato, donde Al-Ándalus se independizó política y económicamente de Bagdad y la tercera y definitiva fue el Califato, cuando Abderramán III se independizó completamente de Bagdad. Este hecho es de gran importancia porque Al-Ándalus comenzaba una nueva dinastía de Califas independientes.

  Se mantuvo así hasta el año 1031, en el que por crisis dentro del Califato, se produjo la división del Imperio para crear los Reinos de Taifas (provincias), territorios muy pequeños, independientes entre sí y gobernados cada uno de ellos por una familia o dinastía. Hubo hasta 3 etapas con Taifas diferentes.

Más tarde llegaron a la Península la Tribu de los Almorávides y poco después la tribu de los Almohades, estando ya en plena decadencia el mundo musulmán de la Península Ibérica.

  Tras la batalla de las Navas de Tolosa, en el año 1212, los reinos cristianos expulsaron a los Almohades.

  La presencia musulmana en la Península Ibérica se limitó entonces al Reino Nazarí de Granada, que perduró hasta 1492, en el que los Reyes Católicos terminaron definitivamente la Reconquista.

  Waliato (714-756).

El territorio de la Península Ibérica controlado por los musulmanes se denominó Al-Andalus, y se estableció como una “cora” o Chora (provincia) del Califato Omeya de Damasco. La primera etapa de Al-Andalus se la ha denominado Waliato y se extiende desde el año 714 hasta el 756.

  Esta etapa se va a caracterizar por que la figura del Walí estaba obligado a actuar en nombre del Califa de Damasco y dependía política, militar y religiosamente de él. El primer Walí fue Abd-Al-Azig, una de las tres cabezas, junto a Tarik y Muza, que llevaron a cabo la conquista de la Península.

  Uno de los primeros aspectos a tratar por el Walí fue el de la defensa de su territorio mediante la construcción de castillos y fortalezas, y el refuerzo de los centros urbanos ya existentes. En segundo lugar estableció un sistema tributario que le permitiera conseguir suficientes fondos para continuar con la expansión musulmana a través de los Pirineos.

  Sin embargo no pudieron adentrarse en Europa ya que Carlos Martel, Mayordomo de los Reyes Carolingios les derrotó en la batalla de Poitiers en el año 732. Esta derrota sufrida provocó una crisis dentro del Waliato que se unió a las provocadas por las revueltas de los diferentes clanes árabes, Qaysíes y Yemeníes, y a las provocadas por las sequías y la hambruna.

  Otro factor importante que hizo caer el Waliato fue la revuelta de los Bereberes del año 740, que tuvo que ser sofocada por las tropas del Walí en colaboración de otro clan que acudió desde el norte de Siria, los Yundíes. La consecuencia de esta derrota fue la emigración de numerosas familias Bereberes al norte de África.

  Lo que hizo terminar el Waliato fue la llegada a la Península Ibérica de Abderraman Ben Muawiya, último miembro de la familia Omeya en Damasco, que había huido de la matanza que había sufrido su familia. Abderraman se va hacer con el poder ayudado por diferentes clanes árabes, después de derrotar a Yusuf o Yusef, Walí de la península. Se autoproclamó Emir de Al-Ándalus y pasó a depender sólo religiosamente del Califato de Damasco, Al-Andalus fue independiente administrativa, política y militarmente a partir de este momento.

  Abderraman se planteó la posibilidad de autoproclamarse Califa, pero no quiso que el pueblo musulmán se dividiera en dos. Normalmente al Emir lo nombraba el Califa, pero en esta situación de autoproclamación Abderramán I estableció un sistema hereditario en el que el Emir nombraba sucesor antes de su muerte, generalmente pasó de padres a hijos. Había nacido el Emirato de Al-Ándalus y Abderraman I se convirtió en su primer Emir.

  Emirato (756-929).

  Para conseguir el poder Abderraman I se ayudó de clanes Yemeníes, Yundíes y Bereberes y se encargó de proporcionarles una buena situación en pago por su colaboración. Por otra parte, sus enemigos de Damasco, los califas Abasíes, de los que salió huyendo Abderraman mantienen contactos con sus enemigos en la península. Por ello tuvo que llevar a cabo una serie de reformas para afianzar su poder:

  • Dividió Al-Ándalus en pequeñas provincias (Coras o Choras) y al mando de ellas colocó Walís, con el objetivo de controlar todo Al-Ándalus. El Emir regaló tierras a los diferentes Walís en los territorios que iban a controlar. Estas tierras generalmente pertenecían a clanes enemigos.

  • Contrató mercenarios de origen bereber para formar un pequeño ejército en caso de revueltas o ataques de sus enemigos.

  En la etapa del Emirato, surgieron los mismos problemas que habían surgido durante la etapa del Waliato.

  • Enfrentamientos étnicos entre las diferentes tribus árabes. Yundíes y baladíes peleaban entre sí por cuál de las dos tribus tenía unos orígenes árabes más arraigados. Los baladíes querían dejar al margen a los yundíes.

  • Rebeliones de la comunidad Muladí de Al-Ándalus, es decir cristianos convertidos al Islam.

  • Se produjo un notable crecimiento de los núcleos cristianos del norte de la Península, Astures y Vascones.

  Al margen de toda esta problemática, Se produjo uno nuevo, el cual no se esperaban los Emires de Al-Ándalus, el ascenso en el norte de África de los fatimíes, familia descendiente de Fátima, hija de Mahoma, que había comenzado una política de conquista. Si bien esta conquista no fue de manera militar, si lo fue de manera religiosa, con el fin de ser el gran poder religioso del norte de África. De esta manera los Emires vieron peligrar el control comercial ante el nuevo poder que se vislumbraba tras el estrecho.

  Califato (929-1031).

La etapa del Califato fue la de mayor esplendor dentro del período de Al-Ándalus. Durante el gobierno de Abderraman III, Córdoba, capital del califato, se había convertido no solo en un gran centro político y económico, sino en una corte donde se cultivaban todas las artes, y era lugar de reunión de todos los pensadores y filósofos musulmanes y judíos.


  Esto fue así hasta el año 976, cuando los problemas que alcanzó el califato provocaron la llegada al poder de Almanzor, dando comienzo la etapa de La Dictadura Amirí.

  En el año 1010, terminó la Dictadura Amirí con el asesinato de Abd Al-Malik (hijo de Almanzor), dando pasó a una época anárquica que terminó definitivamente con el Califato de Al-Ándalus, iniciando la etapa de los Reinos de Taifas.

 

Todos estos problemas acabarán mediante la fuerza militar que aplicó Abderraman III cuando se autoproclamó Califa. Lanzó campañas contra los reinos cristianos, atacó a la aristocracia árabe y a los muladíes rebeldes. Este tipo de campañas fueron simplemente una demostración de poder para hacerse temer entre sus enemigos.

  En el año 929, con cierta calma en Al-Ándalus, Abderramán, ya como Califa se declaró independiente de los Califas Abasíes de Damasco. Al-Ándalus había sido independiente de Damasco política y militarmente desde el Emirato y ahora lo iba a ser también religiosamente. Un hecho de gran importancia para la península, ya que Al-Ándalus se convertiría en un nuevo estado árabe totalmente independiente y a partir de ese momento con una dinastía de Califas. La comunidad árabe se tuvo que decidir por rendir culto a los califas de Damasco o bien a los Califas de Al-Ándalus.

  Una de sus razones para autoproclamarse Califa se encontraba al otro lado del estrecho, ya que los fatimíes estaban adquiriendo cada vez más poder religioso, y de esta manera se equiparó a ellos. Abderramán III realizó regalos a sus gobernadores en el norte de África e inició negocios con ellos para asegurarse su apoyo. Además de todo esto realizó reformas para asegurarse mucho más en el poder:

  • Reformas militares: Contrató a mercenarios de origen bereber para formar su ejército. Además introdujo un nuevo elemento, los esclavos de origen eslavo, que se convertían en ciudadanos libres al convertirse al Islam, y así pasaban a formar parte del ejército.

  • Se encargó de crear una nueva aristocracia conformada por estas clases de bereberes y eslavos para evitar conflictos como en los años anteriores.

  • Llevó a cabo relaciones diplomáticas con los estados del norte de África, con los reinos cristianos del norte de la península y con el Reino Franco. Estas relaciones eran de tipo comercial, consiguiéndo que el Califato de Córdoba se alce como una de las grandes potencias económicas y culturales de Europa.

 

Los problemas de Al-Ándalus no aparecieron hasta el año 976, durante el Califato de Hisham II (nieto de Abderramán III), ya que siendo menor de edad se hizo cargo del trono pero el poder lo adquirió su administrador, Ibn Amir (Almansur o Almanzor), el cual instauró una nueva etapa dentro de Al-Ándalus: La dictadura Amirí. Una nueva revuelta significó el final del período de la Dictadura Amirí y abrió un período más anárquico, La Fitna.

Dictadura Amirí (977-1010).

  Almanzor gobernó con el título de Hayib (asesor político-administrativo) y no con el título de Califa, título que le pertenecía a Hisham II. No quiso arrebatarle el poder que le pertenecía a él pero, sin embargo, le encerró en el palacio de Medina Azahara.

  Esta etapa iniciada por Almanzor no tuvo para nada el esplendor que había tenido anteriormente el Califato, al contrario, fue una etapa en la que el descontento de la población podía finalizar en revueltas o insurgencias. Por este motivo Almanzor se vio obligado a llevar a cabo una serie de reformas:

  • Reforma del ejército: Contrató a mercenarios bereberes y, como novedad en Al-Ándalus, pactó con caballeros cristianos que lucharon en el lado árabe. Fomentó el enfrentamiento entre la aristocracia árabe y la eslava y llevó a cabo una serie de razias (campañas de saqueo) para conseguir el botín que le permitiera seguir pagando al ejército.

  • Reforma Económica: Redujo los impuestos para hacer crecer su popularidad entre la población y así evitar posibles revueltas.

 

En el año 1002 sucedió a Almanzor su hijo, Abd al-Malik, el cuál intentó aplicar la misma política que su padre, pero tuvo una suerte bien distinta. Las campañas militares contra los reinos cristianos que lanzó Abd al-Malik fracasaron ya que estos habían adquirido más poder y estaban mejor organizados. De esta manera los botines conseguidos se redujeron cuantiosamente por lko que no pudo pagar al ejército y tuvo que llevar a cabo una reformar económica y subir los impuestos, cosa que no sentó nada bien a la población.

  El Califa Hisham II continuó encerrado en Medina Azahara y la situación en Al-Ándalus empeoró considerablemente a la muerte de Abd al-Malik. Le sustituyó su hermano, Abderramán Sanchuelo, que presionó a Hisham para que le nombrara Califa rompiendo así la tradición que hasta el momento había imperado en el Califato, es decir, que la sucesión pasara de padres a hijos. En el año 1010 se produjo una revuelta en Córdoba que terminó con el asesinato de Abderramán Sanchuelo y la deposición de Hisham II como Califa. Esta revuelta significó el final del período de la Dictadura Amirí y abrió un período más anárquico:

La Fitna (1010-1031).

  Este último período estuvo marcado por la violencia y la anarquía dentro de Al-Ándalus. Las luchas entre los diferentes clanes de Árabes, Bereberes y Eslavos se acentuaron considerablemente y los califas no dejaron de sucederse debido a las continuas conspiraciones.

  En el año 1031, después de la muerte de Hisham III, las familias de mayor poder de Córdoba, decidieron no nombrar ningún Califa que gobernara en todo Al-Ándalus, si no que lo haría en Córdoba y en sus alrededores.

  Todo este desorden es aprovechado por los gobernadores de las Coras (provincias) para proclamar sus independencias con respecto de Córdoba estableciendo así el siguiente período de la presencia Árabe en la Península Ibérica: Los Reinos de Taifas.

 

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