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La Evolución de las Comunidades Bárbaras: Los Visigodos en la Península Ibérica

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Un poco de historia

Conocemos muy poco sobre la situación anterior de las comunidades que desde el este del Rhin y el norte del Danubio se habían formado, solo que tenían modelos de vida germánicos y que a raíz de su crecimiento iniciaron una migración hacia el oeste y sur de Europa a partir del siglo V, llegando a situarse en las fronteras del Imperio Romano. 
Estas comunidades bárbaras no conocían el Estado como foco de organización de la sociedad. Se constituían en familias extensas, y se basaban en el derecho consuetudinario, es decir, el que procedía de la costumbre o tradición, que conocían los más ancianos de la comunidad. Al ir migrando estas familias fueron uniéndose a otras de parecida organización para acabar formando lo que conocemos como pueblo. 
El órgano de gobierno de este tipo de comunidades era una asamblea de guerreros  formada por todos los hombres en edad de luchar. Finalmente estaba el rey (llamado rex de manera despectiva por los romanos) que tenía un poder de tipo sacerdotal y al que todos le guardaban obediencia (quizá inicios del vasallaje medieval) que era elegido por la asamblea. Por último un jefe militar, que podía coincidir o no con el rey, y que solo ejercía su función en tiempos de guerra y  también era elegido por la asamblea.

De esta manera en el años 409, grupos de Suevos, Vándalos y Alanos atraviesan el Rhin y tras invadir y saquear la Galia ocupan las tierras de Hispania. Los Suevos se establecieron en la Gallaecia, entre el Miño y el Duero. Los Vándalos Asdingos en la Gallaecia costera, en las tierras entre Lugo y Astorga; Los Vándalos Silingos en la Bética, entre los ríos Guadiana y Guadalquivir, y por último, los Alanos se situaron en la Lusitania y parte de la Cartaginense. La Tarraconensis y parte de la Cartaginense seguía siendo territorio romano.

Estas invasiones bárbaras estuvieron favorecidas por la poca resistencia de los habitantes hispanos, cansados de la administración romana que los saturaba de obligaciones e impuestos y era incapaz de garantizar su seguridad y sus bienes.

Reino Visigodo de Tolosa (456-507).

En el año 418, 10 años después de la invasión bárbara, el decadente imperio romano acudirá a sus aliados visigodos para recuperar la Península Ibérica y devolverla a su tutela. El emperador Honorio firmará un foedus (pacto militar) con ellos que contendría 3 clausulas. Expulsar a las comunidades de Suevos, Vándalos y Alanos; someter a los pueblos indígenas: Astures, Cántabros y Vascones; y la tercera cláusula, acabar con los grupos de “Bagaudas”, campesinos que se habían quedado sin nada y revelados contra el Imperio se dedicaban al saqueo de las tierras. Mediante este foedus, Honorio se comprometió a recompensarles con la concesión de tierras en la Galia.

La explotación de estas tierras se llevaría a cabo mediante  el sistema “Hospitalitas” que consistía en la división de los grandes latifundios en tres partes. Dos de esas partes eran ocupadas por sus antiguos dueños romanos y la tercera parte la ocupaba el nuevo pueblo. Este nuevo pueblo era mantenido por el emperador. Los Visigodos modificaron el sistema de “Hospitalitas” al quedarse con dos de las tres partes de los  latifundios dejando solo una parte para los habitantes anteriores. En este caso los Visigodos no contaban con la manutención del emperador al quedarse con dos de las tres partes del latifundio. El monarca visigodo favoreció a su guardia personal y a los soldados que habían participado en los enfrentamientos para la ocupación de estos territorios.

Sin embargo los visigodos no cumplieron con las tres cláusulas del foedus, llegan a eliminar prácticamente a los Alanos y a los Vándalos Silingos, Los vándalos Asdingos se ven obligados a huir al norte de África; no van a acabar con Astures, Cántabros y Vascones y tampoco van a acabar con la problemática de los “Bagaudas”. Tampoco lograrán acabar con los Suevos que incluso llegan a ampliar su territorio y a constituir un reino que tendrá su capital en Bracara (Portugal), aunque desaparecerá en el año 485.

 
El reino Visigodo permanecerá del lado de Roma hasta el año 476, en que después de la Caída del Imperio Romano y la deposición del último Emperador Rómulo Augusto, el rey Eurico II proclamará la independencia del pueblo Visigodo. Establecerán su capital en Toulouse, pero poco a poco fueron migrando hacia la Península Ibérica por el empuje de otro pueblo bárbaro, los Francos. El enfrentamiento entre ambos pueblos se produjo en el año 507 en la batalla de Vouillé donde el rey Franco Clodoveo derrotó al rey Visigodo Eurico II. Esta derrota hizo que el pueblo visigodo perdiera sus territorios en la Galia y que migrara definitivamente a la Península Ibérica. Poco a poco fueron ocupando las provincias de la Tarraconense, Lusitania y en último lugar la Bética y estratégicamente eligieron Toledo como capital para poder defenderse del Imperio Bizantino, que ocupaba toda la franja del Levante Hispano y las islas Baleares.

El Imperio Bizantino era continuador del Imperio Romano de Oriente y era gobernado por Justiniano, que desarrollaba una política llamada “Recuperatio Imperii” que tenía como principal objetivo devolver la gloria al Imperio Romano y para ello quería reconquistar sus antiguos territorios. En el año 625 el rey Suintila expulsaría al Imperio Bizantino de la Península Ibérica.

Reino Visigodo de Toledo (507-711)

La evolución política del reino visigodo estuvo estrechamente ligada a la evolución de las relaciones entre la monarquía y la nobleza. Desde un principio la monarquía tenía un carácter electivo, es decir, el rey era elegido por todos los ciudadanos libres convocados en asamblea, de la cual siempre salía designado un noble como rey. Más tarde el carácter de la asamblea cambió y se compondría solo con miembros de la nobleza, de donde se elegiría al nuevo rey.

 
Varios reyes intentaron restar poder a la nobleza estableciendo el sistema de asociación al trono del imperio romano, sistema en donde era el rey el que elegía a su sucesor y desde su elección hasta la muerte del rey compartiría gobierno con el para después tomar posesión del trono. Este sistema sería derrocado por Suintila, que en el año 631 derroca al rey Sisenando y accede al trono apoyado por la nobleza. En el IV Concilio de Toledo del año 633 se fijó de nuevo el carácter electivo de la monarquía y además se concedió a los nobles el poder para derrocar a los reyes que no cumplieran con las leyes o no actuaran según sus intereses. El acceso al trono se convirtió en unas elecciones que solo servían para cumplir los intereses de la nobleza y para tenerla de su parte, lo que terminó en continuos asesinatos y traiciones entre los propios nobles y sus candidatos al trono (“morbus Gothorum”). La situación provocaría un gran desmejoramiento y el fin de la monarquía y del Reino Visigodo en la Península Ibérica.

Alrededor del año 709 la situación era insostenible, las plagas  provocaban malas cosechas y estas causaban el hambre y la peste dentro de la población, seguían produciéndose revueltas en los pueblos del norte y saqueos de las tierras. Un grupo de nobles se alzaría contra el rey Witiza que sería derrocado en favor del noble Don Rodrigo y daría comienzo una guerra civil entre ambos bandos. Partidarios de Witiza acudieron al norte de África, donde se encontraban recién asentados los musulmanes y pidieron ayuda al gobernador Muza, que enviará a su general Tariq a la Península en el año 711. Con la intención de ayudar a los partidarios de Witiza derrotarían a las tropas de Don Rodrigo en la batalla de Guadalete.

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