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Personajes históricos

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Francisco de Zurbarán. Pintor barroco, pintor de santos.

Un poco de historia

 

Nace en Fuente de Cantos, Badajoz, en 1598. Con 15 años entra en el taller de pintura sevillano de Pedro Díaz de Villanueva como pintor de imaginería. En esa época la ciudad de Sevilla es una de las ciudades más importantes de Europa, desde que se instalara allí la Casa de Contratación y se convirtiera en la puerta de entrada a las Indias. Por aquí pasan todas las mercancías, esto hace de Sevilla en el principal centro financiero continental y por tanto un gran dinamismo económico que propicia la eclosión de la industria del arte.

En Sevilla conoció a un joven Diego Velázquez de quien se hizo su amigo, ambos frecuentaron la casa de Francisco Pacheco, donde conocería la cultura italiana, la biblioteca, las pinacotecas, los gabinetes que no encontraría en el taller de imaginería.

En 1617 deja la ciudad de Sevilla para establecerse en la ciudad extremeña de Llerena. Aquí en Llerena realizó varios trabajos de importancia, como dorar retablos, pintar santos, adornar pasos de Semana Santa. Llegó incluso a tener su propio taller. Muchos de sus trabajos de esta primera etapa se han perdido. En esta ciudad se casaría dos veces y sería padre de un hijo.

Su vida cambiaría con el encargo por parte del convento dominico de San Pablo, de la realización de una serie de 21 pinturas, pinturas que no llegaría a realizar en su totalidad. Dicho encargo es de muy baja remuneración, pero poco después los mercedarios calzados de la Casa Grande de Sevilla le encargan por un sueldo tres veces superior a éste un trabajo parecido. Muchas de estas obras se hayan dispersas en museos y colecciones del mundo entero.

En Sevilla la mayoría de los pintores eran inmaculistas. Sería Zurbarán quien despuntaría como pintor de santos, donde es notable el claroscuro de la escuela de Caravaggio y sobretodo la realización de las telas de las túnicas.

 

En 1629 se establece en Sevilla definitivamente. Realiza cuatro grandes lienzos para el colegio franciscano de San Buenaventura y comienza su etapa de esplendor. Su pincelada y la interpretación de los encargos le llevan a ser uno de los pintores más importantes del siglo de oro español. 

Fue el pintor que mejor representó la imagen de la espiritualidad de conventos y monasterios. No sólo fueron santos lo que pintaba, también a las santas las supo dar ese toque de dulzura y elegancia, magníficamente vestidas, sin olvidar el alto nivel de los bodegones.

Le encargan pinturas todas las ordenes religiosas y con todas resuelve de forma sobresaliente.

Hacia 1634 quizá su amigo Velázquez, pintor de la Corte de Felipe IV, le invita a colaborar en la decoración del salón Reinos del Buen Retiro. Dichas obras no son del interés que se suponía realizaría y Zurbarán se siente frustrado al no poder dar la talla como pintor de reyes.

 

Regresa a Sevilla donde sigue triunfando, hasta que aparece en la escena el pintor Bartolomé Esteban Murillo un joven retratista de la burguesía, con una elegancia y suavidad en sus pinturas,  que dejaría en evidencia al propio Zurbarán. Además Murillo sería un gran inmaculista, convirtiéndose en uno de los mejores del género.

Nuevamente frustrado, poco a poco pierde clientela y sus trabajos van siendo cada vez menores.

 

En 1649, la ciudad de Sevilla se ve azotada por una gran epidemia de peste, reduciendo la población de la misma y sufriendo una gran depresión económica. Su hijo Juan y colaborador en el taller, muere de peste. Zurbarán comienza a trabajar para el Nuevo Mundo, pero terminará escapando de Sevilla y volviendo a Madrid donde sufrirá una larga enfermedad que empobrecería a la familia, muriendo hacia 1664.H.

 

 

Algunas de sus obras:

 

San Ambrosio, óleo sobre lienzo, 1626-1627.

San Serapio, óleo sobre lienzo, 1628.

Visión de san Pedro Nolasco, óleo sobre lienzo, 1629.

Aparición del apóstol san Pedro a san Pedro Nolasco, óleo sobre lienzo, 1629.

San Lucas como pintor, ante Cristo en la cruz, óleo sobre lienzo, 1630-1635.

La Inmaculada Concepción, óleo sobre lienzo, 1630-1635.

Retrato de fray Diego de Deza y Tavera, arzobispo de Sevilla, óleo sobre lienzo, 1631.

San Francisco contemplando una calavera, óleo sobre lienzo, 1633-1635.

Defensa de Cádiz frente a los ingleses, óleo sobre lienzo, 1634-1635.

Hércules separa los montes Calpe y Abyla, óleo sobre lienzo, 1634.

Hércules vence a Gerión, óleo sobre lienzo,1634.

Lucha de Hércules con el león de Nemea, óleo sobre lienzo, 1634.

Lucha de Hércules con el jabalí de Erimanto, óleo sobre lienzo, 1634.

Hércules y el toro de Creta, óleo sobre lienzo, 1634.

Lucha de Hércules con Anteo, óleo sobre lienzo, 1634.

Hércules y el cancerbero, óleo sobre lienzo, 1634.

Hércules detiene el curso del río Alfeo, óleo sobre lienzo, 1634.

Lucha de Hércules con la hidra de Lerna, óleo sobre lienzo, 1634.

Hércules abrasado por la túnica del centauro Neso, óleo sobre lienzo, 1634.

Santa Isabel de Portugal, óleo sobre lienzo, 1635.

Virgen de la Merced con dos mercedarios, óleo sobre lienzo, 1635-1640

San Antonio de Padua con el Niño Jesús, óleo sobre lienzo, 1635-1650.

Santa Eufemia, óleo sobre lienzo, 1635-1640.

Agnus Dei, óleo sobre lienzo, 1635-1640.

El Salvador bendiciendo, óleo sobre lienzo,1638.

Martirio de Santiago, óleo sobre lienzo, 1639.

Cristo crucificado con donante, óleo sobre lienzo, 1640.

Virgen del Rosario, óleo sobre lienzo, 1650-1655.

San Diego de Alcalá, óleo sobre lienzo, 1655.

Virgen niña durmiendo, óleo sobre lienzo, 1655.

Bodegón, óleo sobre lienzo, 1658-1664.

San Jacobo de la Marca, óleo sobre lienzo, 1659-1660.