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El Baúl de la Historia

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Mencía Calderón, travesía hacia el Nuevo Mundo con 50 mujeres.

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Un poco de historia

Con la llegada al Nuevo Mundo de los nuevos conquistadores, el rey Carlos I se ve en la obligación de organizar una “caravana de mujeres hacia esas tierras, con el objetivo de que los hombres castellanos no se cruzaran con las mujeres nativas de aquellas tierras evitando así el mestizaje que tanto temían las autoridades. Esta travesía de mujeres a la América Hispánica, aunque no el primero, pues en el segundo viaje de Colón ya viajaban mujeres, es un echo rarísimo, ya que los monarcas eran muy reácios a la emigración de mujeres peninsulares a ese Nuevo Mundo.

 

En 1547 el Rey autorizaba a Juan de Sanabria, rico caballero español, natural de Medellín en llevar a cabo una expedición hacia el Nuevo Mundo de cinco navíos con matrimonios y mujeres solteras con la intención de fundar pueblos en lugares estratégicos para contrastar las pretensiones portuguesas sobre el Río de la Plata y reestablecer el orden en Asunción.

 

La expedición estaba comandada en un principio por don Juan De Sanabria Tercer Adelantado del Rio de la Plata, pero con la muerte inesperada de éste poco antes de partir, toma el mando su mujer doña Mencía Calderón. Su decisión es crucial, muchas de las mujeres y ella misma se ven obligadas a realizar el viaje, pues habían perdido sus dotes y no podían dar marcha atrás. El destino es contraer matrimonio  con los conquistadores y crear un hogar al otro lado del Atlántico en Nuestra Señora de la Asunción (Paraguay).

El 10 de abril de 1550, partió de San Lúcar de Barrameda. Al mando de los marineros estaba Juan de Salazar. La travesía es larga y dolorosa, pues tuvieron que sufrir ataques piratas, tempestades, enfermedades, el acecho indio, la competencia de los portugueses por dominar los nuevos territorios o los 2.000 kilómetros de selva que recorrieron a pie hasta llegar a su destino con lo puesto.

Al llegar a la costa del Brasil, fueron detenidas por los portugueses. Obligadas a quedarse en San Vicente, fueron dejadas en libertad sólo en 1553, por intervención directa del Rey de España.

El viaje, que normalmente duraba cuatro meses de España a Santa Catalina, y otros cinco de Santa Catalina hasta Asunción, se había trasformado en una interminable odisea de cinco años.

 

Salir de una situación de clausura, pues sólo tenían dos opciones: el matrimonio y el convento, para formar el núcleo biológico de la élite social de las tierras americanas, pero a fin de cuentas volver a quedar atrapadas en sus roles tradicionales, es lo que les esperaba a estas doncellas españolas, que un día soñaron con cambiar sus vidas en el Nuevo Mundo.H

 

Historialia.