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El Baúl de la Historia

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La Santa Inquisición y los métodos de tortura.

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Un poco de historia

Los Dominicos, Orden de predicadores fundada por Santo Domingo de Guzmán para la predicación del cristianismo, fueron los introductores de la Inquisición en Castilla durante la Edad Media.
El objetivo de la Inquisición no era otro que perseguir a los herejes, es decir perseguir a todos aquellos que se habían confesado públicamente cristianos y seguían practicando de forma secreta el judaísmo.

La represión de los herejes estuvo inicialmente a cargo del poder civil, que se veía amenazado por inestabilidad generada por las revueltas.
En 1159, el papa Graciano en su “Decreto” identificaba a la herejía con la suprema violación del bien común, obligando así a la Iglesia y al Estado a una política de colaboración activa en la lucha contra los herejes.
La defensa del bien común recaía sobre el poder espiritual, encargado además de dictar sentencia. La autoridad secular, subordinada a la eclesiástica, se encargaría de ejecutarla.

La herejía era conceptuada como un delito contra Dios y puesto que el rey era elegido por mandato divino, era también contra el Estado y debía ser castigada con igual rigurosidad que los demás delitos contra el rey.

Con la proclamación de Isabel como reina de Castilla en 1474 y Fernando como rey de Aragón en 1479, se establecerá hacia 1482 la Santa Inquisición, a través de una bula del papa Sixto IV, quien nombra a siete frailes dominicos para llevarla a acabo. Será Tomás de Torquemada en 1483, el inquisidor más famoso de la época. Fue quien mandado por los reyes, se hará con el cargo de Inquisidor General, ya que el problema del criptojudaísmo era un asunto de Estado.

En las Capitulaciones firmadas a la entrega de Granada a los Reyes Católicos en 1492, había una cláusula por la que los vencedores se comprometían a respetar una cierta autonomía para con los vencidos musulmanes. El pacto fue cumplido en principio por los reyes Católicos, pese a la presión del poder eclesiástico, que apremiaba a tratar con mano dura a los nuevos súbditos. Este cumplimiento contribuyó al tardío establecimiento de la Inquisición.

El problema de los conversos venía preocupando desde mucho antes de los reyes Católicos, ya en 1391, la Corona de Aragón atacó las juderías hispánicas destruyendo la mayoría de las aljamas más importantes de la Península y provocando la conversión masiva de judíos, se calcula que de unos 200.000 judíos se pasó a 100.000, aunque muchos de éstos seguirán practicando a escondidas su religión.

La maquinaria de la Inquisición no sólo funcionó en el siglo XV durante el reinado de los reyes Católicos. El Santo Oficio se fue llenando de nuevos contenidos por los que perseguir a los herejes. Así durante el sigo XVI se persiguió a los moriscos, brujas y hechiceros y en el siglo XVIII a los masones y librepensadores.

Será Carlos V en 1526 cuando el Tribunal del Santo Oficio lo pone en práctica para disminuir el riesgo de insurrección morisca. Se concede un período de gracia de tres años para que confesaran sus errores de fe.

El Tribunal estaba compuesto por 29 miembros. La persecución de los moriscos y los judeizantes no cesaron en ningún momento, llegando a su máximo apogeo en el periodo que precedió a la sublevación de los moriscos en las Alpujarras (1568-1571). Sofocada la rebelión se produjeron deportaciones masivas. En 1609 Felipe II decretó la expulsión de los moriscos.

Una vez que los herejes habían confesado su culpa y el Tribunal había comprobado la veracidad de la confesión, se dictaba la condena. Fuera cual fuera, se hacía pública en el auto de fe, en el que los condenados abrazaban la fe antes de conocer sus sentencias.
El acto público pretendía, y lo conseguía, disuadir a otros posibles herejes de la comunidad. Con el fin de obtener el mayor efecto se esperaba a tener un número suficiente de condenados para que el auto fuera lo más multitudinario posible.

El auto de fe se iniciaba con una procesión hacia el estrado donde iba a ser juzgado el hereje:

Primero iban los leñadores, seguidos de los soldados de la fe o miembros de la congregación de San Pedro Mártir. Luego la cruz Verde de la Inquisición y el estandarte con las armas del santo Oficio: el olivo como señal de misericordia y la espada como señal de castigo. A continuación le seguía el sacerdote portador del Santo Sacramento (bajo palio rojo y dorado), luego el sacristán con la campanilla que avisaba de la llegada del sacramento. Otro grupo de soldados. Los condenados, cada uno custodiado por dos dominicos (vestidos de negro y blanco, que los exhortaban al último arrepentimiento, o a la confesión que aún no habían aceptado). Los alabarderos del rey, los guardias del santo Oficio, los portadores de los muñecos que representaban a los que habían huido o habían muerto en prisión: junto a ellos los portadores de los cofres con los restos de los que habían muerto en prisión y los que eran exhumados tras ser declarados herejes después de muertos. Y por último, las mulas en las que iban los inquisidores y los oficiales del Tribunal que portaban la cruz en sus ropajes.

A los condenados y a sus familiares se les confiscaba todos los bienes y los gastos de la organización del acto eran sufragados por la subasta pública de esos bienes y por las penas pecuniarias. Todas la autoridades, civiles y religiosos, acudían a él y una vez dictadas las penas se ejecutaban inmediatamente.

Los condenados al poste, es decir a la hoguera, eran conducidos hasta el lugar destinado a tal fin, alejado del centro de las ciudades, aunque esto no suponía una merma para el espectáculo ya ue el público se trasladaba hasta donde hiciera falta para contemplar cómo eran quemados vivos o ajusticiados antes de ser quemados.


Métodos de tortura

Los métodos de tortura para hacer confesar a los condenados o para ejecutarles eran de lo más crueles y sofisticados. Los interrogatorios se llevaban a cabo en distintos grados de intensidad. En mucho casos ni siquiera el propio condenado sabía porqué lo era.

- Potro. En el interrogatorio de primer grado es estirado de pies y manos, lo que produce la dislocación de los hombros y la rotura de fibras musculares. En los de segundo y tercer grado , el estiramiento puede llegar a producirse la rotura de tendones y la dislocación de la cadera, lo que la recuperación se hace difícil, a parte de muy dolorosa.

- El potro en escalera. Consistía en atar las manos del prisionero a la espalda y a una escalera y los pies al torno, de manera que los hombros se le dislocaban el estirar de los pies.

- La toca o tortura del agua. La víctima era atada de pies y manos sobre una madera. En la garganta se le introducía un paño y se vertía jarros de agua que se le obligaba a tragar. El efecto producía una tremenda sensación de ahogo.

- Silla de interrogatorio. Se trata de hacer sentar desnudo al interrogado sobre una silla repleta de pinchos. En ocasiones la silla era de hierro a la cual calentaban con un brasero o con antorchas por laparte de abajo.

- Máscaras infamantes. En una sociedad meramente machista, estas máscaras eran utilizadas fundamentalmente con mujeres. algunos pinchos en las zonas bucales, atravesaban la lengua para clavarse en el paladar. La suerte de esas personas era generalmente la muerte por inanición.

- El barril de clavos. Al interrogado se le introducía en un barril lleno de clavos internamente. A este se le arrojaba desde lo alto de una montaña.

- Quebranta rodillas. Aparato con una serie de pichos que se introducen en las articulaciones de las rodillas o codos, produciendo su separación.

- Garrote. Método de ejecución de origen español utilizado en nuestro país hasta el año 1975, en que fue abolido. El condenado es estrangulado con la ayuda de una cuerda y un palo (garrote). Otra modalidad es con un tornillo, que se le mete a la víctima entre las vértebras cervicales, separándolas y cortando la médula espinal.

- La doncella de hierro. Se trata de un sarcófago con afiladísimos clavos por la parte interior. El objetoivo es hacer muchas heridas, pero no causar la muerte inmediata.

- La cigüeña. La manos, la cabeza y los pies quedan sujetos por unas argollas en una postura de sometimiento. Al cabo de unas horas de estar en esta postura, el entumecimiento de los músculos está asegurado.

- Guillotina. Estructura de madera que deja deslizar una hoja cortante hacia el cuello del condenado, que está arrodillado y atado en la parte inferior. Un cesto recoge la cabeza una vez cortada.

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Desde los comienzos del cristianismo existieron diversos grupos heréticos:
Subordinacianos, adopcionistas, modalistas, arrianismo y macedonistas (sus ataques se centraban en la Santísima Trinidad), pelagianistas y semi-pelagianistas (dudaban en la encarnación de Cristo).

A finales del siglo XII surgieron en Europa dos nuevos grupos de herejes particularmente activos:
- Los Cátaros, que rechazan los ritos católicos y los sacramentos.
- Valdenses. Fundado por Pedro Valde en 1170. Comerciante acaudalado, lo dejó todo para dedicarse a predicar. Niegan el valor de la misa, las ofrendas y las plegarias por los muertos.H

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