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El Baúl de la Historia

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Origen de las Órdenes Religiosas

Un poco de historia

Nos tendríamos que remontar a los primeros ermitaños, para entender el origen de las Órdenes Religiosas. En períodos de crisis, surgen la huída de la ciudad, la necesidad de introspección o la búsqueda de las fuentes primarias para la subsistencia en el ser humano. Esa búsqueda de la soledad de los ascetas solitarios, ermitaños, eremitas o anacoretas, serían los primeros monjes cristianos que aparecerían hacia el siglo III en zonas desérticas como Egipto y Siria. La duras condiciones de vida les obligará a vivir en comunidad para enfrentarse a las dificultades del desierto. Surgen así las primeras comunidades y por tanto aparecerán las primeras reglas de convivencia, las primeras reglas monásticas.

A los componentes de la comunidad les une esa búsqueda interior y entre ellos se llamarán hermanos, con un abad, que será la máxima autoridad de esa comunidad.

esta forma de vida se extenderá por toda Europa, llegando al siglo VI, donde Benito de Nursia funda el Monasterio Monte Cassino y elabora la Regla del Maestro, inspirada en un escrito antiguo. En éste se establece las normas básicas de convivencia del Monasterio. Dichas bases se difunden de forma rápida entre las comunidades y por ello en esa época la mayoría de los monjes son benedictinos. Aunque eso sí, en la edad media existían otras reglas de convivencia, como modelo de vida.

 

Al proliferar tanto esta forma de vida en la Edad Media, se les consideró a los monjes como uno de los tres pilares que sustentaban la Sociedad: Los que trabajaban (laboratores), los que guerreaban (bellatores) y los que rezaban (oratores).

 

En los monasterios, la vida cotidiana empezaba a ser placentera, los monjes se relajaban y abandonaban la observancia. Entre los siglos IX y X, en Francia aparece una iniciativa de reforma en la abadía de Cluny con el fin de restaurar y establecer de nuevo la oración y la liturgia. Durante este siglo y el siguiente el número de cenobios que dependían de él se multiplicó. Fue en el tramo español de la ruta jacobea o Camino de Santiago donde más afloraron, como  San Zoilo de Carrión de los Condes o San Benito el Real de Sahagún (éste era el homólogo español de Cluny).

 

Sin embargo dicha Orden, Cluniaciense, fracasa en el intento, pues al dar mayor importancia a la liturgia, se abandonaba el equilibrio que las reglas benedictinas establecían: la distribución equitativa de la vida del monje entre trabajo, oración y lectura de textos sagrados. Los trabajos cotidianos se encargan a trabajadores externos y así llegaban las corrupciones. Además la multiplicidad de donaciones hizo que los monasterios se enriqueciesen tanto, que llegaban a ser ostentosos y aunque los monjes no poseían nada, dicha ostentación conllevaba a que el voto de pobreza se abandonara y las costumbres se relajaran progresivamente.

 

Debido a las críticas que recibían estas formas de vida monacal, que se habían apartado del ora et labora (“reza y trabaja”) benedictino, aparecen grupos de monjes que se acercan a las premisas de Monte Cassino, de ahí suge, entre otras, la Orden Cisterciense, cuyos fundadores fueron el abad Roberto de Molesme, Alberico y Esteban Harding. Otras órdenes que surgen son la de los premontratenses o los cartujos. 

Con una vida más austera, instalándose en construcciones más precarias y comenzando a vivir de su trabajo es como de nuevo esta vida monacal vuelve a acercarse a Dios. Tan diferentes pretendían ser el Císter de la Orden Cluniaciense, que hasta el color del hábito era blanco para distinguirse totalmente del negro que vestían los cluniacienses.

 

Aunque la aparición del Cister fue un proceso que se desarrolló poco a poco a través de muchos años, es el 21 de marzo de 1098 cuando la abadía de Citeaux recibió la aprobación del papa.

Las ideas de la reforma cisterciense fraguaron, y pronto aparecieron numerosas fundaciones hermanas de Citeaux, como las cuaro abadías que dependían de ésta: La Ferté, Pontigny, Claraval y Morimond, consideradas como las “casas madre” de la orden.

Estas cuatro a su vez fundaron otras tantas y así hasta expandirse por Europa  a gran velocidad, llegando a crearse diez fundaciones al año. Citeaux se centraba fundamentalmente en las tareas administrativas y las otras cuatro en tareas de política expansiva.

A finales del siglo XIII el Císter llega a tener más de 700 casas diseminadas por toda Europa, siendo la orden más importante de la época.

Bernard de Fontaine fue un gran impulsor del desarrollo del Císter y nombrado abad en la abadía de Claraval.

 

En 1119 se celebraba la reunión de abades y la aprobación de la Carta de Caridad, ampliación de la regla de San Benito.

No se admitían limosnas y los excedentes obtenidos del trabajo, se vendían en los mercados y los beneficios se invertían en las propias dependencias o la caridad. Así fue como con la producción de vino, cereales, fabricación de tejas, baldosas, etc,.. con lo que se enriquecieron considerablemente y decidieron construir grandes edificios. Edificios ubicados en sitios inhóspitos, separados de las poblaciones y del trajín urbano para seguir con su aislamiento elegido y con su autosuficiencia.

A finales del siglo XIII el Císter llega a tener más de 700 casas diseminadas por toda Europa, siendo la orden más importante de la época.

 

Todo este éxito monacal conllevó a la difícil tarea del control generalizado de la Orden, lo que supuso la fragmentación de la misma, la pérdida de uniformidad y por tanto la disgregación y abandono del modelo original.

Poco a poco las guerras acaecidas, con los saqueos a abadías, las epidemias y las malas cosechas contribuyen al decaimiento de la orden cisterciense, que tanto esplendor tuvo en tiempos pasados. A esto hay que sumarle que la función de los abades recaería en reyes y señores locales, con lo que la esencia de la orden se pierde definitivamente.

 

En el siglo XIII aparecen otras Órdenes, en este caso mendicantes, pues pretendían financiarse solo con las limosnas. Su misión era convencer de nuevo a los cristianos con la palabra. Las nuevas Órdenes son los franciscanos, o frailes menores, orden creada en 1208 por San Francisco de Asís sobre un ideal de vida de humildad, pobreza y mendicidad y los dominicos, orden de predicadores fundada por Santo Domingo de Guzmán para la predicación del cristianismo. Estos segundos con un carácter más penitencial, fueron los introductores de la  Santa Inquisición en Castilla durante la Edad Media. El inquisidor más famoso de la época fue Tomás de Torquemada.

 

Al ser Órdenes que están volcadas en la predicación, las instalaciones que precisaban para ello eran sencillas, una simple nave abovedada, con un presbiterio algo ornamentado, donde iba el altar mayor y un púlpito desde donde se predicaba. La portada se procuraba ornamentar, para llamar la atención de los fieles.

 

Nuevamente el interés de los nobles y reyes para ser enterrados en estos espacios es lo que hace que modifiquen su aspecto, pues las donaciones para su construcción empezaban a ser cuantiosas.

 

 

Premontratenses.

Su fundador Norberto de Magdeburgo crea la orden con el mismo ánimo reformador que la del Císter. Éste es un noble rico, que abandona sus riquezas para dedicarse plenamente a su vocación religiosa. Como novedad la orden atendía a los feligreses, y por ello sus iglesias constan de un gran campanario para reclamar la atención de los fieles cristianos y poder predicar desde las mismas.

 

 

Cartujos.

Como respuesta a los excesos que había llegado a ser con el tiempo la orden Cluniacense, surgen también los Cartujos. La comunidad más rigurosa de todas y a las antípodas conceptuales de Cluny.

Fundada por el religioso alemán Bruno Hartenfaust. Se aísla con doce monjes en uno de los lugares más ásperos, a los pies de los Alpes, donde el frío y las nevadas son extremas. Sus vidas de aislamiento son extremas. Viven en soledad, en una alcoba con taller e incluso huerto particular. La comida la reciben por una aventura que da al claustro, don de se le enterrará en su día. Con el tiempo se englobarán en un conjunto común con el abad como figura de conexión entre lo de dentro y lo de fuera.

Hoy por hoy los cartujos pueden presumir de ser la única Orden que no ha sido reformada desde sus orígenes. Aunque si es verdad que San Bruno, el fundador, terminó sus días en un lugar antagónico al que empezó, en una zona soleada del sur de Italia. Algo de este antagonismo ocurre con las cartujas de España, como las levantadas en Levante, islas Baleares o Andalucía.

 

El éxito de los cartujos a la hora de poderse mantener sin problemas económicos, fue que participase en su fundaciones el poder civil. Así pues muchos fieles y sobretodo reyes y nobles utilizaban sus templos como panteones funerarios y de esta forma eran cantados y orados por los propios monjes. Además de esto recibían cantidades de dinero para embellecer con esculturas sus fachadas y sepulcros. Un ejemplo claro es la cartuja de Sevilla, Santa María de las Cuevas, que consta de una gran exposición de esculturas de mármol del Renacimiento..H

 

Historialia.